
¿Dónde estaban Bryan Y Nolan?
Dos conejos salieron del sombrero del manager Tony Rodríguez cuando el Tren del Norte destruyó por aire, mar y tierra el pitcheo de los Gigantes de Rivas. El primer acto de magia fue con Bryan Herrera y el segundo con Nolan Cruz, sobre ellos la palabra confianza era tan desconocida como la abuelita de Hitler.
¿Y por qué debía ser confiable un pitcher de 0-2 y 9.45 de efectividad, además de un bateo en contra .370?. ¿Cómo le das la pelota a un lanzador con 8 limpias permitidas en sus últimas 10 entradas (7.20)? Herrera caminó 4 entradas de dos hits sin carrera hasta que le conjugó el verbo equivocar en pretérito pluscuamperfecto a uno de los árbitros.
Nolan había perdido su fe, pero después de la noche anterior se sentía que podía caminar sobre las aguas. Conectó hit empujador en el cuarto y doblete de dos en el quinto, mientras era victima de tres maniobras defensivas que le quitaron una noche de cinco hits. Francisco Pegueros se le colgó de un bombazo al right, Yosmani Guerra le ahogó con la punta del guante un rodado envenenado y por último Luis Montealto se quedo con otro batazo enorme por el left.
Por si fuera poco Nolan Cruz alinea con .090 de promedio resume dos noches de 4 hits y tres atrapadas en su contra, más 5 empujadas. Alay Lago que había bateado 5 hits en el juego anterior se tragó 4 ponches en el siguiente. ¿Qué está pasando?
El Tren explotó a Ronald Medrano, hirió a Fidencio Flores y le aplicó los colmillos a Ángel Obando que para cuando llegó Milton Quintana con su relevo de tres ceros era demasiado tarde. Al final el pitcheo parecía carne molida de Gigante. Kenny Cruz soportó las dos únicas carreras sureñas, una de ellas por ese endemoniado bateador que es Pegueros, pero Esteban Pérez y Álvaro Pineda no dejaron nada en la mesa.
Otro destacado del Tren fue Juan Diego Montes embasándose cuatro veces y remolcando par de anotaciones. Desde temprano se retorció el bigote con un doble alentador contra Ronald Medrano que no tuvo consecuencias, pero que mostró la vulnerabilidad del estelar sureño. El Tren amaneció en la primera posición empatado con los Tigres que perdieron su batalla ante los Leones.
El correcaminos Richards tuvo que amarrar sus piernas dos veces porque el marcador estaba abultado y las dos veces que tuvo oportunidad, ni lo cuidaron a la almohadilla, ni se preocuparon por replegarlo. Entonces entendió que el no podía violar el código de no robar cuando un adversario está siendo aplastado. Una regla no escrita, pero genuina.
