
El sol saldrá. No duden
¿Qué esperanza se levanta desde el sepulcro? ¿Qué ruinas construye ilusiones? ¿Dónde se vende magia? Allí donde no llega el viento, donde el polvo se convierte en una sentencia agónica y la derrota se encarna en tu piel también se puede ver la luz del sol.
El Tren del Norte vive su batalla contra el formidable Aquiles demoledor de la desesperanza, el inevitable suplicio que reina la oscuridad del caído. No parece haber vacuna, no hay remedio a tanto dolor o explicación a un momento que hiere con su sorpresa. El “¿qué hacer?” sigue siendo la pregunta millonaria, ¿Cómo se cambia una efectividad tan espantosa? ¿Cómo se vuelve al camino con el carruaje destruido y los caballos cansados? No se trata de adornar la tragedia con palabras hermosas, ni aprovecharse de la metáfora para abrirte el pecho, se trata de salir de una realidad que golpea y te deja sin opciones, pero solo el que no sueña o tiene fe no puede pensar que todo lo viene mal tiene un propósito, incluso para este deporte tan impredecible.
¿Cuánto se arriesga uno sembrando optimismo? Mientras no se quemen las naves, mientras exista una maniobra administrativa, un corazón creyendo y el alma palpitando por escapar de esta mala racha que sin minimizarla se puede cambiar por una segunda parte más inspirada. El sol sale para todos y sería tonto no ver cómo se reducen las opciones, pero mientras el Tren tenga la máquina encendida, su camino hacia la clasificación sigue allí.
¿No lo creen? yo sí. Solo no duden.
